Un sueño…


Leí su anuncio, se ofrecía como acompañante de motero.
Es lo que yo necesitaba, una mujer desconocida que se cogiera a mis espaldas y se apretara a mi.
La llamé por teléfono, su voz al principio fue insegura… de manera que se extendió la conversación, empezamos a reírnos… amábamos las motos y yo le ofrecía lo que ella deseaba que era lo mismo que buscaba yo.
La cita, después de comer, ella así me lo manifestó… y yo acepté con mucho placer.
A la hora acordada y en el lugar elegido por ella, un cruce de carretera de su ciudad, aparqué a la sombra de uno de los árboles de la plaza.
Una silueta de mujer, a lo lejos, con un casco rojo en una mano, y en la otra un bolso beig , venía en dirección dónde yo me encontraba…. Su figura esbelta, sus piernas, largas, con falda….

–Hola, me dijo.
–Hola le contesté.
Nos reímos…. Aquí estoy, con mi moto, le dije. Preciosa, me contestó.
Bueno, veo que vienes preparada con tu casco….pero tendrás dificultades al subir en la moto con la falda, le dije… Su respuesta fue subírsela, mirarme a los ojos con su sonrisa y ordenarme que metiera su bolso en una de las maletas de mi moto.
Obedecí. Se montó apoyándose en mis hombros mientras su pie izquierdo se apoyaba en el apoyapies izquierdo y su pierna derecha se balanceaba libremente en busca del estribo derecho…Sus manos pasaron a sujetarse en mi cintura…
Arranqué con suavidad…
Sus manos, ai!
Sus manos, sus dedos…los sentía dentro de mi.
Tomé la carretera que nos llevaba a coronar un puerto de montaña que está relativamente cerca de donde nos encontrábamos… hablábamos del paisaje y de las curvas que nos encontrábamos en nuestro camino..
Le dije que se pegara a mi…. se conducía mucho mejor. Así lo hizo manifestándome que de esa manera dejaba de ser paquete y nos convertíamos en un único piloto.
Vaya que sí, pensé, al sentir sus pechos en mi espalda y sus manos en mi barriga.

Pasamos de ser unos desconocidos, en cuestión de un par de horas, a la familiaridad del roce de dos almas humanas necesitadas de amor.
Sí, amor…. amor por abrazar y ser abrazado sin más explicaciones…
Coronamos el puerto… Volvió a cogerme por los hombros y realizó con sus piernas la maniobra inversa para bajar de la moto.
Se bajó la falda…
Y con mis manos, ya libres de la conducción, pudimos en la cumbre culminar nuestro primer encuentro entre las sombras de una pinada de montaña en plena primavera, para nosotros y para ella misma.
Nunca supe su nombre… no se nada de su vida. Sólo poseo su teléfono.
Mañana o tal vez esta tarde, nos volveremos a unir en nuestro viaje a ninguna parte.

 

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