A propósito de Relatos con cuchara


A propósito de Relatos con cuchara de Francisco Mas, libro recién publicado por la Obra Social de la CAM. Y  a propósito de la Historia de Gustavo, libro que nunca se publicará.
El primero de ellos es un retrato de personajes y paisajes de mi pueblo: la Vila Joiosa, desde el punto de vista de un miembro de una familia con cultura y educación respetuosa con sus vecinos. Una mirada que es un modelo de civismo en la postguerra de un pueblo que estuvo al lado de la República hasta el último día. Una familia culta que alumbró a un ser bueno que ahora nos deleita con su memoria y su agradecimiento el pueblo que existió. Sus recuerdos siempre están enmarcados en la preparación de una comida. El hombre del Mediterráneo, desde Homero a Berlanga, ha caracterizado la comida como eje del devenir de un pueblo. Los relatos son sencillos, los personajes también lo son, la vida era sencilla, se subsistía con imaginación. Un testigo que desconoce el rencor y las injusticias, nos lega una lección de sabiduría.
El otro libro nos lo ha narrado esta mañana Gustavo. Un colombiano de unos cincuenta años que vino a España hace siete. Ha trabajado (es ingeniero de Obra Civil en su país), con cinco empresarios españoles, cuatro le han engañado, aún le deben dinero, por supuesto negro. Hace unos dos años casi le obligaron a comprarse un piso: sin avalistas y sin dinero, una Caja de ahorros de Madrid, sucursal en mi pueblo, le ofreció una hipoteca de 180.000 euros, dos tarjetas de crédito, un seguro y 10.000 euros en metálico. Aceptó y firmó todos los documentos que el director de la sucursal bancaria le puso en la mesa. Llegó la crisis. Gustavo es despedido de la última empresa. No encuentra trabajo. Deja de pagar la hipoteca. Deja de pagar a la Comunidad de Propietarios. Deja de pagar las cuotas de las tarjetas de crédito. Es insolvente.
Gustavo es culto y honrado. Pide una cita al director de la sucursal bancaria, le cuenta su situación económica y social. Gustavo es un caballero.
A los pocos días Gustavo firma en la mesa del director de la Caja una serie de papeles, en los que según él, la caja se hace cargo de la deuda de la hipoteca, de la deuda de las tarjetas de crédito, de las deudas de la Comunidad de Propietarios, de la deuda de SUMA, de la deuda del IBI. Gustavo es libre de toda carga económica contraída. O por lo menos eso cree él. Gustavo ha abandonado “su” casa, vive de alquiler. Es libre, no debe nada y no tiene nada.
¿El milagro económico, el boom inmobiliario, se basó en este tipo de engaño?
Este relato acaecido en el primer tercio del siglo XXI en el pueblo de D. Francisco Mas, concretamente en la Cala, lo hemos vivido alrededor de una mesa desayunando unas tostadas de pan con aceite de oliva virgen de la montaña y un café (seguramente de Colombia) con leche, marca blanca.
¿La indignación cómo se combate? D. Francisco. Felicidades por sus Relatos con cuchara.

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Nota sobre la Historia de Gustavo.

Gustavo, leída esta entrada me hizo conocedor que su titulación era equiparable al aparejador. Me comprometí a cambiar la narración, puesto que la titulación que le atribuí no existía ni aquí ni en su país. Además, me precisó, que muchos de sus compatriotas pasaron por su misma situación y, no es exactamente que les obligaran a comprar un apartamento, sino más bien que son concientes que se sirvieron de ellos,  tasadores, bancos y otros intermediarios inmobiliarios para enriquecerse, gracias a las comisiones que se pagaban unos a otros: un fraude a costa de unas almas cándidas. (De la conclusión soy yo responsable.)


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