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Archive for the ‘entrevistes’ Category

Per una llei que regule l’accés a la informació

desembre 22, 2010 Deixa un comentari

Una democracia, de veritat, hauria de garantir l’accés a la informació d’un Ajuntament, una Generalitat o de qualsevol organisme públic: això ens faria ciutadans en condicions d’igualtat, a l’hora de decidir el seu devenir, quotidià i ciutadà.

Wiquileaks ens ha obert un finestra d’una pared sòlida que l’Estat negava fins hui. La finestra és, hem d’obrir-la per airejar l’edifici.

Aquest debat, en directe, pot donar-nos uns punts de vista frescos i contundents,

http://www.ustream.tv/flash/viewer.swf

http://www.ustream.tv/socialstream/6622554

http://www.ustream.tv/flash/irc.swf

Manuel Baixauli i l’home manuscrit.

juny 7, 2009 Deixa un comentari

Entrevista a Manuel Baixauli a propòsit de L’home manuscrit.

http://www.tv3.cat/videos/367959

l\’home manuscrit

Entrevista a Íñigo Echenique (Ima Sanchís)

abril 4, 2009 Deixa un comentari

Íñigo Echenique, ingeniero naval y escritor

“El auténtico valor es vencer la cobardía”

IMA SANCHÍS  - 04/04/2009. La Vanguardia.

 

Tengo 51 años. Nací en Vigo, vivo en Madrid y trabajo en distintos sitios donde hay mar. Soy proyectista de barcos muy diversos. Estoy casado y tengo 5 hijos varones, de 7 a 19 años. Padecemos políticos flojos y endogámicos. Soy cristiano heterodoxo, bebo de otras fuentes

 

De niño, cuando casi no sabíamos nadar, un amigo y yo nos subimos en un botecito de aluminio lleno de agujeros y nos fuimos tras una medusa. La corriente se nos llevó y el bote comenzó a hundirse. Pensé que era el último día de mi vida. 

¿Quién le rescató?

Unos pescadores. A partir de entonces el mar me asustó mucho menos, y me he pasado la vida navegando. 

Curiosa reacción.

A los 18 años fui yo quien tuvo la oportunidad de salvar a una chica que se ahogaba. Quizá sea eso lo más importante que me ha pasado en el mar. Ayudar a alguien es algo trascendental. Y luego está esa sensación. 

¿Qué sensación?

En un par de ocasiones, navegando, me sentí parte de lo que me rodeaba, del barco, del mar, del cielo, del todo. Una sensación muy singular, de presente absoluto. 

¿Qué aprendió navegando por la vida?

No tengo ninguna duda de que todo está hilado, de que nada es casualidad. Hay que estar atento, porque a menudo las cosas sutiles son las importantes. 

¿Por qué?

Si estás atento te das cuenta de que todo te vuelve, esa es mi experiencia. Creo que cada uno de nosotros con nuestra forma de ver y abordar las cosas cambiamos la realidad cotidiana continuamente. 

Su personaje, el náufrago Jonás Plum, se parece a usted. 

Me gustaría, porque aparentemente es un poco simple pero tiene una mirada limpia sobre las cosas y es muy reflexivo. Yo lo creé pesando en mis hijos, para mandarles algún mensajillo. 

¿De qué tipo? 

Su manera de hacer frente a las calamidades puede parecer ingenua, pero es sabia y buena. Es compasivo, es tolerante al juzgar a las otras personas y es un cobarde valeroso, lo que me parece el auténtico valor. 

Tanto él como usted han sabido crear observando su entorno. 

La naturaleza tiene todas las respuestas. Los delfines son un prodigio hidrodinámico y yo me he basado en su cola, que les da una increíble propulsión, para desarrollar perfiles hidrodinámicos que he aplicado a los timones de los barcos. 

¿A algún barco memorable? 

Entre otros, al timón del 4.70 con el que Teresa Zabel ganó las Olimpiadas. Pero yo sólo he observado: los delfines tienen 50 millones de años de evolución, y generación tras generación van siendo cada vez más eficaces. Otro invento que deduje observando a los peces de arrecife han sido unos estabilizadores para los barcos. 

¿En qué consisten? 

Dos aletas laterales que se pliegan cuando el barco navega y se despliegan cuando está fondeado para que no balancee tanto. 

También ha diseñado y está construyendo el velero más grande del mundo.

Sí, de 136 m de eslora, con cabida para 135 pasajeros. Un velero clásico con velas cuadras pero con tecnología muy avanzada. 

¿Qué otros barcos célebres han salido de sus manos? 

Diseñé el primer Copa América español, que regateó en San Diego en 1992. Para mí fue un auténtico desafío, nunca había proyectado un barco de regatas y, modestamente, fue muy bien: quedamos quintos. 

¿Qué experiencia le ha enseñado más?

Mire, una muy sencilla, salir a pasear con mi caballo ymi perro por el monte y darme cuenta de que tres seres vivos, en teoría, tan distintos (aunque yo eso no lo creo) somos capaces de disfrutar de la mutua compañía y del entorno. 

Entiendo. 

He tenido tiempo para reflexionar, tuve una peritonitis que casi me mata. Me di cuenta de que vida y muerte están unidas, de que somos únicos e irrepetibles, y de que hay que juzgar la vida de cada uno desde sus zapatos, como decían los indios. 

¿Cuál cree que es la mayor virtud? 

No dudo que lo que da sentido a la vida, por encima de cualquier otra cosa, es querer y que te quieran. Y añadiría la búsqueda de conocimiento, cada uno en su nivel y su campo, entendiendo esto no como una acumulación de saber, sino como la búsqueda de respuestas y acomodo en la existencia. 

Viniendo de un descendiente de un corsario sanguinario no está mal… 

Jean Laffitte es un presunto antepasado. Hay cartas de su abuelo a mi bisabuelo en el que le describe la genealogía y cómo se entronca la familia de mi madre con la de este corsario que tiene el mismo apellido y que dejó descendientes por medio mundo. 

Cuénteme su historia. 

Creó una república de corsarios con unos mil hombres y cincuenta barcos, Barataria, al oeste de Nueva Orleans, en una zona de islas intrincadas. Pusieron precio a su cabeza, pero Laffitte tenía mucho dinero, así que se codeaba con políticos y sus abogados eran los del presidente de Estados Unidos. 

El mundo no ha cambiado. 

Laffitte participó en la batalla de Nueva Orleans, en 1815. Los americanos le pidieron ayuda a cambio de un indulto, pero inevitablemente volvió a sus negocios de corso. 

¿Qué fue de él? 

Desapareció, hay testimonios que lo citan en Yucatán y otros en Cuba, donde dicen que acabó junto a una mujer que tocaba maravillosamente el piano. 

 

“El auténtico valor es vencer la cobardía”

Cuestión de actitud

 

Entre barco y barco, que construye en astilleros de medio mundo, quiso escribir un libro sobre su antepasado el corsario Jean Laffitte, que sembró el terror en los mares a principios del siglo XIX; pero acabó surgiendo otro personaje, anónimo, inocente y original que nos cuenta su vida desde una ignota isla del Caribe en Las desventuras de Jonás Plum(Ámbar).Confraternizó con los indígenas y combatió con la Armada imperial francesa, pero lo que le define es su capacidad de enfrentar las adversidades casi con cariño y de forma creativa. En su desierta isla crea avenidas y da nombre a las iguanas. “A todos nos llegan calamidades, y lo que nos define es la actitud que tomamos ante ellas”. Entrevista

ENTREVISTA A JEAN-LOUIS FOURNIER

febrer 8, 2009 1 comentari

“Me burlo de mis niños como Cyrano se reía de su propia nariz”

Padre de dos hijos discapacitados, el autor de ¿Adónde vamos, papá? habla del éxito de su libro en Francia   |  ”Un hombre con un hermano discapacitado me dijo que para él es un regalo, ¡vaya regalo!”  |  ”Yo he querido hacer un buen libro, no que la gente me aplauda como padre”

 

 

Xavi Ayén | París. Enviado especial | 08/02/2009.

 

 Mathieu y Thomas son “balbucientes y babeantes, más bien feúchos”, les tiemblan las manos, no ven muy bien y se pasan horas embobados ante la tele, viendo la carta de ajuste. Son discapacitados profundos. Nadie hubiera apostado por que un libro que cuenta detalles de su vida cotidiana se convertiría en un fenómeno en Francia: más de medio millón de libros vendidos, ganador del premio Fémina, finalista del Goncourt… El responsable es su padre, Jean-Louis Fournier, que, un día, decidió escribir las pequeñas historias de su vida junto a ellos, con un estilo que ha seducido por igual a la crítica y al gran público. ¿Adónde vamos, papá?, recién publicado por Destino, rehúye los lugares comunes y exhibe una honestidad y un sentido del humor poco habituales. Fournier nos recibe en su casa con jardín en el distrito 20 de París, un barrio popular “lejos de las tiendas para turistas”. Thomas vive hace años en una residencia especial y Mathieu murió muy joven.

 

Usted ha escrito más de 20 libros, pero en España es todavía poco conocido…

En Francia se me conoce, sobre todo, por haber creado hace treinta años una vaca de dibujos animados, Noireaud, era una vaca infeliz que llamaba por teléfono a su veterinario, y le contaba su triste vida. Tenía un corazón de cierva, por dentro se sentía esbelta, bella y romántica, pero estaba encerrada en un cuerpo gordo de vaca. He escrito muchos libros. En uno, he contado mis sesiones de psicoanálisis; caí en manos de un terapeuta muy triste, y yo tenía ganas de hacerle reír, lo veía tan infeliz que le contaba todas las historias divertidas que me pasaban por la cabeza, al final el hombre se puso mejor… En España se han traducido algunos, como Aritmética aplicada e impertinente o El currículum vitae de Dios, en el que explico cómo, cuando Dios acaba el mundo, se aburre y decide trabajar. Entonces envía su currículum a la Tierra. Claro, el currículum de Dios es enorme: ¡lo ha hecho todo! Enseguida le convocan a entrevistas de trabajo.

¿Y ahora?

Ah, ese es el problema. Lo suyo sería pararse, tras un éxito semejante, pero no tengo ganas, adoro escribir, para mí es un juego: por la mañana me pongo ante el ordenador y junto palabras como un niño ante su Lego, incluso por la noche pienso frases y, si no puedo dormir, las apunto. Dése cuenta de que todo el mundo tiene las mismas palabras y, con ellas, unos construyen cosas bellas y otros no. Todos los libros se construyen con los mismos materiales y unos son ilegibles y otros maravillosos.

Con este libro tenía el riesgo de caer en la sensiblería…

Hay tanta gente que cuenta su vida para hacer llorar al lector… Yo no quería que nadie me compadeciera, simplemente cuento la historia. Este libro tenía dos escollos. Tengo la impresión de haberlo escrito caminando sobre un alambre como un equilibrista, intentando no caer en dos hoyos, uno era la ternura barata, la sensiblería, y el otro era el cinismo y el humor negro. No he caído en ninguno, y lo he hecho sin cuestionar el amor que tengo hacia ellos.

¿Qué escribe ahora?

Otra cosa autobiográfica, sobre un momento de mi vida en que estaba trabajando en el cine y, de repente, decidí parar e instalarme en una granja. Es muy divertido, porque fue un desastre, yo no servía para eso: alimentaba mal a las vacas…

“Yo no soy un ángel, he sido un mal padre”. ¿No es usted un poco duro consigo mismo?

No. Intento ser honesto. Es verdad que no he sido un padre formidable. Mire, yo he querido hacer un buen libro, no que la gente me aplauda como padre. Yo soy como todo el mundo: ni muy bueno ni muy malo. Y, con hijos así, es muy difícil ser un padre ejemplar. El otro día, en una conferencia que di me vino una mujer y me dijo: ‘Usted es un padre admirable’. No, para nada, señora, yo soy un padre que no ha tenido suerte. Prefiero que me digan que soy un buen escritor que un buen padre. Mis hijos me han salido mal, pero al menos el libro me ha quedado bien. Hubiera sido mejor lo contrario, pero…

Su estilo es muy depurado, frases cortas, mucho ritmo…

Soy muy próximo al lenguaje hablado, se me oye al leerme, eso me viene de haber rodado muchos documentales y tener que conservar sólo lo esencial tras horas de grabación. Adoro tirar todo lo que es inútil. En las frases, cuando hablamos, hay un montón de ruido, de paja. Me releo una y otra vez cortando y limpiando. No podría haber hecho capítulos largos, porque he escrito muchos de ellos al borde de las lágrimas, si continuaba, alargando as cosas, me hubiera hundido, lo dejo ahí, en el punto justo para no hundirme.

No es fácil mantener el sentido del humor en una situación así. Y en el libro exhibe todas sus modalidades: ironía, humor absurdo, sátira, humor negro, blanco, metáforas chocantes, juegos de palabras…

No es algo que haya inventado para mi libro, es que soy así en la vida. Eso es lo que me ha ayudado a soportarlo. Hay gente que, cuando vive desdichas, se pone a llorar, pero otros hacemos bromas.

Al principio su canguro no le entendía…

Claro, yo volvía a casa, por ejemplo, no veía a los niños y le decía: “Josée, ¿por qué ha tirado a los niños por la ventana? Eso no está bien. Ya sé que son discapacitados pero eso no es una razón para tirarlos”. Al principio, me miraba horrorizada, pero al final ya me seguía la corriente. Mucha gente me critica por estas bromas pero el humor es algo formidable, no es maldad, uno pude reírse de alguien y quererlo muchísimo. Compadecer a alguien es muchísimo peor, eso sí que es malvado. Al burlarme de ellos, les doy dignidad. Si compadezco a alguien lo reduzco al mínimo, le arrebato toda esperanza, toda defensa, lo miro desde arriba. Si me río de alguien, me coloco en un plano de igualdad. Me río de mis niños como Cyrano se reía de su propia nariz. ¿Por qué no podemos reírnos de los discapacitados? Es como si las personas no fuéramos iguales. Y todos somos iguales: estas gentes tienen derecho a que se rían de ellos también.

Es un libro políticamente incorrecto (usted no da gracias por la bendición de haberlos tenido) pero, a pesar de ello, ha tenido un éxito brutal.

¿Se da cuenta? Siendo políticamente incorrecto, aparece un enorme masa de gente que está de acuerdo con uno. La gente dice: claro, pues tiene razón. He recibido una carta un poco estúpida de un señor que me dice: “Usted es un pesimista, yo tengo un hermano minusválido y considero que es un regalo del cielo. ¡Qué horror! ¡Vaya regalo! No hacía falta, de verdad, que se molestaran en dármelo. Pero sí, ya he vendido 500.000 ejemplares, y no hay tantos padres de minusválidos en Francia, interesa a todo el mundo porque es una alegoría de la vida, sirve para todos los problemas que tenemos. No he escrito para complacer a nadie, no he hecho un libro fácil. He hecho algo verdadero, auténtico, y la gente lo ha notado. Eso me devuelve la fe en la especie humana. Como buen pesimista, tengo tendencia a ver a mis semejantes como estúpidos, pero ahora se han roto mis esquemas maniqueos.

Usted se habrá psicoanalizado pero el libro no es nada psicoanalítico…

Para nada. Digo las cosas claramente, no intento sacar otro tipo de conclusiones. La vida de todo el mundo es muy difícil. Todos tenemos grandes problemas y disgustos. Todas las familias tienen dramas. La vida son momentos en que uno llora, y a veces también reímos. Todo el mundo ha tenido felicidad e infelicidad. A pesar de todo, la vida es formidable. Esa es la lección: que la vida vale la pena.

Por eso el lector no le acaba de creer cuando dice: hemos sido infelices.

Sí, hay momentos buenos. Pero le confieso que soy profundamente pesimista. Un pesimista que ríe. No hay de qué reir, pero me río. Es mi modo de ser. Ante las grandes desgracias, la risa nos ayuda, es un calmante. La gente feliz no necesita la risa, ya son felices. Se supone que los infelices deben llorar, y los divertidos reir. Pero es al revés: son los infelices los que deberían intentar reir. En el libro no eludo la tristeza, hay muchas tonalidades. Reir es muy valiente.

¿No tuvo la tentación de hablar más de su separación, o de sus sentimientos?

Para ser honesto, no me entendía muy bien con mi mujer y creo que sin niños discapacitados habría acabado marchándose igualmente. Ella tenía una manera de reaccionar ante este drama muy diferente de la mía, basada en el humor. Hay que decir que no ha sido divertido para ella: ser madre de dos hijos disminuidos y encima un marido que se ríe todo el día de eso… yo le parecía un estúpido, lo entiendo. Por ejemplo, le decía que les iba a regalar una navaja de afeitar a cada uno, que les encerraríamos en el baño con ellas para que se apañaran y que luego, cuando ya no oyéramos ruido, pasaríamos a recoger los trozos con una bayeta. Ja, ja, a mí todavía me hace reir. Pero ella no se rió.

Es una obra aparentemente sencilla pero con muchos niveles de lectura.

Sí. Hay gente que rechaza el tema pero luego, si entran, ven que está dirigido a todo el mundo. ¿Sabe? Lo presenté antes de que saliera a los libreros de París, en una reunión con todos ellos. Me miraban con cara seria, de pena. Les dije: sí, soy padre de disminuido, pero eso tiene muchas ventajas, como la de aparcar gratis en cualquier sitio, así me he podido comprar este enorme coche americano antiguo. Entonces empezaron a reirse y me di cuenta de que había ganado.

¿El libro ha sido terapéutico?

No, no, el libro es un libro. Lo que es terapéutico es la risa.

¿Cómo está Thomas?

Si lo ve, diría que tiene 17 años, pero tiene al menos 35, es como un pajarito.

Le ponen como ejemplo ante la tragedia…

No me hable. Una abuelita en Montpellier, esta semana, me dijo: “Señor Fournier, ¿cómo ha conseguido mantener esa serenidad ante un problema así?” ¡Pobre mujer! ¡Si pudiera ver el interior de mi cabeza! ¡Todo lo contrario de la serenidad! Incluso una revista de psicología me quería entrevistar sobre la serenidad, y les contesté: “Eso es como pedirle una conferencia sobre el caviar a alguien que cobra el salario mínimo”. Yo no he estado sereno, sino profundamente desesperado. A mí me han salvado las cosas bellas de la vida: el humor, el arte, la música, la literatura. El arte es la única cosa que nos salva, que nos ayuda a soportar esto.

Y el amor, ¿no?

Sí, sí, los sentimientos también. El capítulo sobre el amor es de los que más me costaron, hay gente que lo ignora pero yo no.

¿Cómo le ha afectado el éxito?

Un éxito así es muy interesante porque te permite hacer una selección entre los verdaderos amigos y los demás, hay gente que se ha puesto muy envidiosa. Mire esta frase de Oscar Wilde que tengo enmarcada: “Cualquiera puede simpatizar con las penas de un amigo; simpatizar con sus éxitos requiere una naturaleza delicadísima”. Sí, ahora hago más vida social, me invitan más a sitios, porque para una cena siempre queda bien traer al último premio Fémina.

Usted cuenta cosas tan cotidianas como sus citas con mujeres después de separarse y el horror que le daba que conocieran a sus hijos.

¡Ah, sí! Tenía miedo de que huyeran despavoridas. Una vez encontré una monitora de discapacitados muy guapa, pensé que sería ideal pero no resultó: ya tenía bastante durante su jornada laboral…

¿Por qué el título del libro?

¿Adónde vamos, papá? es la única frase que mi hijo repite una y otra vez. Es una gran frase, ¿se da cuenta? Quién supiera responderla… Es una pregunta filosófica, hecha desde un cerebro con paja en su interior. Da que pensar…

(Entrevista presa de www.lavanguardia.es)

Stefan Vanistendael entrevistat per Ima Sanchís

desembre 18, 2008 1 comentari

Stefan Vanistendael, referente de psicólogos por sus teorías sobre la resiliencia

 

“Queremos ser admirados más que amados, qué error”

IMA SANCHÍS  - 16/12/2008. LA VANGUARDIA.

 

Las tres gracias

Parece divertirse con sus propios pensamientos, de los que sólo te da el resumen y una risa tenue. Es consultor de la ONU y experto mundial en resiliencia (capacidad de hacer frente a las adversidades y superarlas saliendo de ellas incluso transformado), término casi milagroso que nos libra de las condenas que nacen en la infancia, aquello de que si has sido un niño maltratado serás un maltratador, si has sido un desgraciado eso es lo que serás de mayor. ¡Menos mal! Y fue precisamente pensando en las herramientas que todos tenemos para salir del foso como llegó a la conclusión de que humor, belleza y amor son las tres gracias de esta vida, de ello ha venido a hablar en la Fundació Pere Tarrés. 

 

 

57 años. Nací en Holanda, soy belga, y vivo en Suiza con una inglesa. Sin hijos, lástima. Sociólogo, jefe de investigación en la Oficina Internacional Católica de la Infancia (BICE), en Ginebra. La crítica con humor es necesaria y la espiritualidad cristiana una buena guía ética.

 

 ¿Qué tenemos cuando ya no nos queda nada? 


La capacidad de crecer a través de grandes dificultades, la resiliencia. Lo que da sentido a nuestra vida son esas pequeñas cosas que nos conectan con la vida: la amistad, la pareja, los hijos…
 

Eso no son pequeñas cosas. 

Tener responsabilidad por otro, aunque sea un gato, es suficiente. Pero se trata de vivir conectado positivamente. Y la belleza (la naturaleza o el arte) y el humor me parecen dos maneras de conectarse con la vida muy poderosa. El humor es el último tesoro, en situaciones difíciles, como dictaduras, la gente desarrolla un humor muy agudo. 

A veces sarcasmo. 

El sarcasmo es dañino para el que lo practica y para quienes lo sufren. Pero el humor constructivo nos abre la inteligencia. 

¿Y cómo nace el humor? 

En la infancia deriva de una aplicación estricta de la lógica, y me parece delicioso. Los adultos creemos que somos los más capaces de pensar lógicamente, pero no es cierto, nos lo impiden los filtros, las normas sociales y nuestra experiencia de vida. En cambio los argumentos lógicos aunque inocentes de un niño son demoledores. 

Póngame un ejemplo. 

“¿Qué quieres para Navidad?”, pregunta el papá. “Un Tampax, porque con él puedo montar a caballo, nadar e ir en bicicleta”. 

¿Por qué nos reímos tan poco? 

Porque todo funciona muy bien en la vida cotidiana, el humor viene cuando algo no funciona bien, y gracias a él no se pierde la confianza. Cuando la madre esconde su cara tras las manos, el bebé pasa de la angustia a la sorpresa de volver a recuperarla y lo hace a través del humor. 

El humor, ¿un mecanismo de defensa?

Es mucho más que eso, nos ayuda a ajustar situaciones que nos desorientan. Un señor muy viejo me dijo: “Tengo un gran problema que no puedo resolver, pero comparado con la inmensidad de la vida es pequeño”. 

Eso es un acto de realismo. 

Sí, nos permite redescubrir una perspectiva más amplia. Nos da ese equilibrio esencial entre el ideal y la realidad. Queremos ser más guapos e inteligentes, pero somos lo que somos, ese es el mensaje del humor. 

¿El humor se puede enseñar? 

Se aprende viviendo, pero uno se puede esforzar. Sabemos que la lógica extrema tiene un efecto humorístico, recuperarla puede crear bastantes situaciones oxigenantes. 

La risa es un indicador de salud mental. 

¿Cómo trabajar el humor con niños? 

Se debe permitir, establecer un clima en el que pueda fluir. El humor necesita confianza para que no se convierta en sarcasmo y algunas normas como que no te puedes reír de los otros, sino con los otros. Y no olvidar nunca que no te puedes tomar en serio a alguien que no tiene sentido del humor. 

Humor y belleza son sus caballos de batalla… 

Sí, y a menudo cuando la gente quiere ser seria pierde estas dos cualidades imprescindibles. En una ocasión un preso me invitó a dar una conferencia en una prisión francesa. En la mesa el preso puso un enorme ramo de flores, me sorprendió en una cárcel. Al terminar la conferencia dije una tontería. 

¿? 

Le pregunté al preso qué podía hacer yo con esas flores (me iba en avión). Él me miró: “Estaban ahí para embellecer el acto”, luego las cogió y se las llevó a su celda. Aquello era toda una economía de la belleza: eran las flores de la misa que él recuperó para mi conferencia y luego para su celda. 

Habla usted de humor y espiritualidad.

El juego está muy cerca del humor, es otra manera de colocarse en la vida. Con humor podemos librarnos de la obsesión de controlarlo todo. La integración de lo que no es perfecto en la vida me parece fundamental en la espiritualidad, que consiste en vivir la vida como es, con imperfecciones. 

¿Qué ha aprendido usted en la vida? 

Las malas intenciones existen, pero lo más común es que con buenas intenciones se haga daño a los demás. Hay que ser prudente con nuestras buenas intenciones y con nuestra buena conciencia. 

Sí señor. 

Bonhoeffer, gran teólogo alemán asesinado por los nazis, decía que cuando en la vida has perdido los referentes, la buena conciencia no sirve; sin embargo, la mala conciencia por lo menos te mantiene despierto. Necesitamos una trascendencia en la vida, y no estoy pensando en Dios, sino en responder a la pregunta ¿qué me hace feliz? 

Igual nos ensimisma demasiado. 

Curiosamente es una pregunta que se hace muy poco en trabajo social y con los niños. Es fácil de comprender y muy difícil de responder, pero es trascendental porque siempre nos invita a dar un paso más. 

¿La felicidad es la capacidad de integrarlo todo? 

Y la de recibir. Al principio una relación se basa en la admiración, pero llega el momento en que se descubren los puntos débiles, la fragilidad del otro y cosas peores. 

O respetas o rompes. 

Respetar la fragilidad del otro puede estar en el corazón de un crecimiento relacional muy positivo entre dos personas. Pero en nuestra actual sociedad hay una tendencia a eliminar la fragilidad, queremos ser admirados más que amados, y eso es un error.

Jordi Jauset entrevistat per Ima Sanchís

desembre 8, 2008 Deixa un comentari

 

“Con buena música, las vacas dan más leche”

 

IMA SANCHÍS  - 08/12/2008. La Vanguardia.

 

El impacto de la onda.

 

Durante la Segunda Guerra Mundial enviaban a los hospitales norteamericanos, abarrotados de heridos y escasos de personal y calmantes, grupos de música que entretuvieran a los heridos. Fue así como empezaron a observar que los enfermos se recuperaban antes con música que sin ella. A partir de ahí comenzaron a hacer estudios y no han cesado. Hoy ya es posible a través de ultrasonidos, sin cirugía, eliminar tumores (sistema que en España se aplica en el hospital Mútua de Terrassa). En Música y neurociencia: la musicoterapia (Ed. UOC), este investigador y músico expone los fundamentos, efectos y aplicaciones terapéuticas de la música y cita los más recientes estudios.

 

Jordi Jauset, investigador en la Ramon Llull de efectos y aplicaciones científicas del sonido.

 

Nací en Lleida y vivo en Sant Cugat. Estoy casado y tengo dos hijos. Soy ingeniero en Telecomunicaciones y doctor en Comunicación. Profesor de la Universitat Ramon Llull. Con mis seis hermanos tuvimos un grupo musical de acordeones. Di mi primer concierto a los 5 años

 

Mi bisabuelo tocaba el acordeón, mi abuelo el saxofón y mi padre hizo la carrera de piano, aunque no se dedicó.

Pero decidió que sus hijos serían músicos.

Sí, a los 3 años nos enseñaba solfeo y a los 6 nos inscribía en el conservatorio. Pronto fuimos una troupe de seis niños de entre 5 y 12 años que tocaban el acordeón, instrumento del que mi padre estaba enamorado, y no lo hacíamos mal: recibimos primeros premios en Francia, Italia, Holanda, Alemania, Finlandia y Bélgica.

La familia Trapp española.

Así nos llamaba. Una de las actuaciones que mi padre me encomendaba, emulando a Mozart, era interpretar al piano una obra conocida con los ojos vendados y con el teclado cubierto con un pañuelo de seda.

Pero la vida le llevó por otro camino.

Sí, hasta que hace cuatro años, a raíz de una situación laboral complicada e injusta, tuve una crisis personal y decidí que a partir de entonces iba a hacer más cosas que me gustaran y a reducir las obligaciones.

¿Y recordó lo bien que se lo pasaba con la música?

Sí, pero la gran pregunta fue: ¿qué habilidades he desarrollado hasta hoy? Entre otras, la investigación. Así junté ambas cosas: estudié ingeniería biomédica y decidí dedicarme a los efectos y aplicaciones científicas del sonido y la música como herramienta terapéutica.

¿Y qué ha averiguado?

El efecto indiscutible y comprobado de la música en los seres vivos, tanto en vegetales como en animales y, por supuesto, en humanos.

¿Vegetales, dice?

La música en invernaderos de semillas influye en una germinación más rápida y de mayor calidad. Y es sobradamente conocido el experimento con las vacas.

Cuénteme.

Se comprobó que las vacas de vaquerías próximas a aeropuertos, sometidas a niveles elevados de ruido, dan menos leche, y que las vacas de establecimientos amenizados con una selección de música clásica incrementan su producción; pero eso es viejo.

Viejo pero sorprendente.

En la actualidad, la musicoterapia se aplica con excelentes resultados en los campos de la educación (parálisis cerebral, síndrome de Down, autismo, hiperactividad…), geriatría (alzheimer, parkinson, enfermos terminales, demencia senil), salud mental, trastornos de alimentación, traumas por abusos…, y también resulta eficaz para la recuperación de las personas afectadas por un infarto cerebral. Hay cientos de publicaciones que avalan lo que le estoy diciendo.

No se por qué suena tan milagroso.

Porque los sonidos no se ven, son vibración y energía, ¿pero qué es la materia?… En los enfermos de alzheimer, por ejemplo, la música, implantada en el cerebro mucho antes de que el niño aprenda a hablar, permanece durante largo tiempo después de que las palabras hayan desaparecido.

¿La música continúa estando con nosotros cuando todo lo demás se ha ido?

Sí, calmante y hasta socializante, pues basta con hacerle escuchar a un enfermo una sesión de treinta minutos para que desaparezca la agresión y deje de deambular. ¿Conoce la obra del científico Oliver Sacks?

Sí, maravillosa: El hombre que confundió a su mujer con un sombrero,Un antropólogo en Marte,Despertares…

Aplicó la música a enfermos de parkinson: “La música – escribe-les permitía el movimiento libre. Se podía ver incluso que cuando se imaginaban la música, sólo pensando en ella, superaban sus impedimentos”.

¿Qué significa eso?

Con la música cambian las ondas cerebrales; se da un cambio neurológico profundo.

¿A usted qué experimentos le han llamado más la atención?

Un experimento interesante cuyos resultados se presentaron el año pasado muestra el impacto de un simple metrónomo, es decir, un ritmo, en un enfermo con parálisis cerebral al que dos personas tenían que ayudar a caminar y, simplemente por sincronizarse con un ritmo, al cabo de algunas semanas de entreno parecía otra persona; eso demuestra que se puede llegar a reparar la actividad neuronal por el proceso del ritmo. Y hay una noticia reciente increíble.

¿Buena?

Buenísima. Desde hace algunos meses, en el hospital Mútua de Terrassa han implantado la nueva tecnología de ultrasonidos de alta intensidad (HIFU) para tratar y eliminar tumores tanto benignos como malignos.

¿Funciona?

Los ultrasonidos se están posicionando como la terapia con más futuro para el tratamiento de tumores malignos de hígado, mama, páncreas, riñón y hueso. Se trata de una alternativa precisa, eficaz, segura y no invasiva; una tecnología que se ha probado con excelentes resultados en centros de Estados Unidos y de Asia.

¿Qué me recomienda para dormir como un angelito?

El conde Kaiserling le encargó a Bach una obra que le ayudara a dormir. Las Variaciones Goldberg eran interpretadas por el clavicordista de la corte durante sus noches de insomnio y desde entonces se utilizan como música relajante. Pero queda mucho por investigar, y creo que el poder del sonido va a seguir sorprendiéndonos.

(Entrevista treta de La Vanguardia)

 

 

 


Jordi Jauset a youtube:

Més de Jordi Jauset

Alan Wallace entrevistat per Ima Sanchis a la Vanguardia

novembre 12, 2008 Deixa un comentari

La fuerza de la unión

Su mente racional occidental fue en busca de respuestas existenciales y topó con el budismo y el Dalai Lama, que nos dice: “Aunque los científicos estudien principalmente la materia, no pueden pasar por alto la conciencia; aunque los especialistas del espíritu se centren en el desarrollo de la mente, no pueden pasar completamente por alto las necesidades físicas”. Así, este hombre se convirtió en un físico budista que ha creado el Instituto de Estudios de la Conciencia, donde se profundiza en la mente humana y sus posibilidades aunando esfuerzos y metodologías de la ciencia y del budismo. Ha participado en el seminario Budismo y ciencia para la paz, organizado por la Fundació Casa del Tibet.

Alan Wallace, fundador y presidente del Instituto de Estudios de la Conciencia

“Mi bienestar está relacionado con tu bienestar, es pura física”

IMA SANCHÍS  - 12/11/2008

Tengo 58 años. Nací y vivo en California. Estoy casado y tengo una hijastra. Estoy licenciado en Física, soy doctor en Filosofía de la Ciencia y Estudios Religiosos y fui ordenado monje por el Dalai Lama. La física cuántica y el budismo dicen lo mismo. Soy liberal y budista

A los 20 años me dediqué a viajar por Europa lleno de preguntas existenciales. Tropecé con El libro tibetano de la gran liberación, que trata sobre la naturaleza de la mente, y quedé asombrado.

¿Hasta qué punto?
Estudié el idioma tibetano para poder estudiar budismo, me compré un billete de ida a India y acabé siendo ordenado monje por su santidad el Dalai Lama.
¿Entonces lo de la física vino después?

Tras 14 años viviendo con los tibetanos, estudiando budismo y meditando, decidí integrar esos estudios en la física. El budismo se ocupa del conocimiento de la realidad, no está apegado a creencias religiosas; y para ahondar en la realidad se necesita la física.
Entonces, ¿la física ha completado su visión budista del mundo?
Sí. La fortaleza de la ciencia, con la tecnología y la matemática, no la encuentras en el budismo; pero el budismo tiene un método muy sofisticado para investigar y observar directamente la mente; en eso la ciencia occidental es muy débil.
Leyes de la física cuántica ya fueron expuestas hace 2.000 años por el budismo.

En 1997 traduje una conversación entre el Dalai Lama y un eminente físico experimental austriaco, Anton Zeilinger, que le explicaba al Dalai Lama que cuando en la física cuántica investigas la naturaleza de una partícula elemental, como un electrón, no la encuentras, está vacía. Es decir, que el electrón sólo existe en relación con el sistema de medición y el observador, no es posible observar un sistema sin perturbarlo.
¿Y qué dijo el Dalai Lama?
“¡Sorprendente!, ¡¿cómo puedes haber llegado a este descubrimiento sin conocer el camino de en medio o su escuela filosófica, el madyamika?!”. Zeilinger se quedó atónito y preguntó: “¿Qué es el madyamika?”.

Entonces el Dalai Lama explicó que para el budismo el yo, como tal, no existe, ya que aquello que denominamos compulsivamente mi yo está permanentemente cambiando; pero Arya Nagarjuna fue todavía más allá.
¿El fundador de la filosofía madyamika?

Sí, una línea particularmente avanzada dentro del budismo, fundada alrededor del año 200 de la era cristiana, y que sirvió de fundamento filosófico para la principal rama del budismo actual, el mahayana.
¿Cuál fue ese paso más allá?
Pura cuántica: negó la existencia independiente no sólo del yo, el observador, sino también del objeto, el observado; e incluso de la observación misma. El término madyamika deriva directamente del que empleó Nagarjuna para referirse al camino de en medio, aludiendo al espacio entre el nihilismo y el materialismo.
¿Y qué dijo Anton Zeilinger?
“¡Esto es sorprendente!, ¡¿cómo puedes saberlo sin conocer nada de física cuántica?!”, e invitó al Dalai lama a su laboratorio en Austria. Allí observé algo muy interesante…
Cuente, cuente…
La tecnología que tenía Anton, los budistas no la tienen; los experimentos que ellos llevan a cabo, los budistas no los hacen. Pero los budistas practican samadi, que es una alta concentración en un solo punto, un método contemplativo para investigar la mente y los fenómenos objetivos.
¿Y así llegan a la misma visión que los físicos cuánticos?
Exacto, pero los budistas hacen una aplicación práctica: al darte cuenta de que nada existe independientemente, ni los átomos, ni las personas, ni las culturas…, brota naturalmente la compasión.
¿Usted cree?
Mi bienestar está relacionado con tu bienestar; mi sufrimiento, con tu sufrimiento. Pretender buscar mi felicidad y mi seguridad como si yo fuera una isla es una estupidez. De esta sabiduría viene el altruismo, y ahí es donde budismo y ciencia se separan, porque el altruismo no es común en la ciencia.
¿Qué se estudia en su instituto?
La conciencia desde la óptica de la ciencia, el budismo, y la psicología conductual; el conocimiento de la mente, el origen del pensamiento, la naturaleza de la conciencia. Investigamos en temas muy prácticos, por ejemplo, cómo calmar las emociones destructivas: desórdenes hiperactivos y déficit de atención.
Muy comunes.
Junto con un equipo científico de la Universidad de California hicimos un estudio que ha durado siete años sobre cómo cultivar el dominio emocional. Entrenamos con meditaciones budistas esenciales durante 45 horas a maestras de escuela aquejadas de estrés, ansiedad, depresión e insomnio. Los síntomas desaparecieron y cinco meses después seguían sin reaparecer. Otro experimento significativo ha sido el proyecto Shamaka.
¿Eso es un tipo de meditación?
Sí, para obtener mayor concentración. Organizamos un retiro de tres meses con 70 personas neófitas en la materia que meditaron ocho horas diarias y conseguimos un nivel de concentración altísimo, lo que se deriva en efectividad, autoestima y alegría en las tareas: creo que pronto veremos revolucionado el mundo del trabajo.
¿Alguna conclusión?
Ciencia y espiritualidad están dándose la mano, no para convertirse ni para conquistarse, sino para aprender una de otra, y eso no tiene precedentes
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(entrevista treta de La Vanguardia de hui, secció la contra)

 


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